Chuso Ordi
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Realmente la exposición la llamé Metiendo la mano en la ratonera
y sucedió en La Penúltima, Barcelona, verano de 2007.

El título tiene que ver con el hecho de rescatar dibujos pasados que nunca vieron la luz, escondidos en el agujero del tiempo. Algunos iban a ser parte del libro Supertristeza. Otros tuvieron más alegría, y vieron la luz pública justo después de terminarse. Pero en ambos casos, todos los dibujos tenían un hilo narrativo común. Meter la mano en la ratonera es meter las narices donde no se debe, el impulso a explorar y abrir puertas de rincones oscuros o caminar por calles secretas.

Estuve cerca, pero no me atreví a entrar. Recuerdo esa noche, tormentosa y con mucho calor.... A través de los cristales de la bodega, te vi hablando y bebiendo. Luego volví, cuando ya no estabas, anónimo entre la gente, pedí una cerveza y miré los dibujos. Creo que sólo tú te has dado cuenta que falta uno, y es el que me llevé...

Abandoné mi coche lejos del ruido, allí donde los rayos gamma nunca llegarán, y donde nunca llegarás a encontrar lo que me llevé. Te lo podría haber explicado en todas las lenguas y en multitud de identidades diferenetes, pero cogí mi viejo coche y apreté el acelerador, asustado; el miedo que supone ser rechazado, el motor insaciable de búsqueda, corriendo por las calles que me vieron crecer.

Habían pasado 27 años. Volví al sitio donde pinté un dibujo sobre una roca cuando tenía 11 años, lejos del camino, y en una montaña muy alta. Sí, a esos sitios a los que jamás debería volver. Pero lo hice, busqué la piedra por la zona, creí saber cuál era, pero ya no había nada, el tiempo lo había borrado. Me senté, respiré hondo bajo los pinos y pensé que no hay nada para siempre. Pensé cuál era mi sitio, pensé que no había "mi sitio", de hecho sigo pensándolo. Y me puse triste, y de hecho aún sigo estándolo. Seguí sentado largo tiempo, y fue entonces cuando ocurrió: a mi lado, debajo de unas hojas secas de pino, encontré un pequeño cuarzo, transparente y brillante. Un cuarzo que estoy acariciando ahora, mientras te escribo desde tan lejos. Por una vez, mi estúpida imaginación no me está dando un disgusto como acostumbra.

Y entonces bajé al pueblo, aceptando ser el hombre lobo, para siempre.

Julia Christie, los rumores son verdaderos
Como la vuelta de páginas,
mis ojos son pegados a la estrella de cine y su vida sórdida
Sr. X y su esposa que sufre viejos.
Gasté tanto tiempo soñando con Eleanor Bron
en mi espacio con las cortinas dibujadas
Se lo ven en las armas de Paul,
no puedo decir más

Como las elevaciones de música
de algún modo más fuertes de la adversidad
Nuestro héroe encuentra su paz interior

Pensaban en Eleanor Bron
y pienso en un encanto afortunado y pienso en la aguja

(Tom Courtenay de Yo La Tengo
Google translation english-spanish)

Tristeza tuvo que entrar en el edificio aprovechando un descuido y subir todas las escaleras hasta localizar la puerta. Cada paso era un nuevo estremecimiento en los rellanos de la casa. El ascensor aún estaba parado en el tercer piso, había luz en su interior de aluminio y una inmensa X rayada en su espejo. "De qué tienes miedo?" iba susurrando mientras acariciaba los timbres y los interruptores. Cuando llegó, espero e imaginó cómo miraba a través de la mirilla. Pensó en el aterrorizado inquilino, sonrió y empezó a golpear la puerta con toda la furia de su brazo.

Esta vez no me asusté y abrí la puerta. Pero ya no quiso entrar como otras veces... y se fue. Seguramente la música que había puesto no era de su gusto o era alérgica al pelo del gato.

"La ratonera azul" (Mousetrap on strike) 92 min. color. 2007

Después de muchos años sin tener noticias, Z se decidió y llamó por fin a W. Sus vidas habían transcurrido hasta entonces por caminos tan diferentes... y Z siempre tuvo tantas ganas de explicarle a W tantas cosas... W aceptó con cierta reserva la invitación de encontrarse: un fin de semana juntos otra vez, en cualquier sitio, quizás donde hubiese una manada de lobos y un río, o una calle y un portal, da igual. El plan era sencillo, "te acuerdas?", por lo menos para Z. Z, raro de cojones, se acordaba de tantas cosas inconclusas, y W había querido olvidar todo por completo. La presencia fortuita de X y un recorrido contemplativo por las autopistas de la memoria, provocará un giro sustancial a un encuentro aparentemente casual, o no tanto...

Llegué pronto, cogí una tumbona y me senté al aire libre esperando que comenzara la película en la noche de agosto, la noche de la iguana.